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De dormitorio juvenil a espacio más adulto: cómo adaptar la habitación a una nueva etapa

Quienes tenemos hijos, sabemos hasta qué punto su crecimiento supone para nosotros la principal medida del tiempo.  De repente, la tarta de cumpleaños está tan llena de velas que optas por comprar las de números. Pero, otra vez de repente, ya no basta solo con una de esas velas porque ha cumplido los 10. El tiempo sigue pasando veloz  y, de nuevo asombrados, vemos que han entrado en la adolescencia, una etapa de grandes cambios en muchos sentidos. Difícil pero preciosa.  

Llegados a este punto, si su dormitorio siempre ha sido para ellos un refugio, en esos años de transición hacia la edad adulta adquiere aún más importancia. Es hora de dejar atrás su aspecto infantil y amoldar el espacio y la estética a las nuevas necesidades de una persona joven que estudia más, se relaciona de otra forma y precisa de una mayor privacidad para empezar a construir su propia personalidad. Surge entonces la gran pregunta: ¿cuándo y cómo adaptar un dormitorio juvenil para convertirlo en un espacio más adulto sin reformarlo por completo?

Empecemos por el cuándo. Los principales síntomas de que la habitación de siempre ya no funciona son claros:  

  • El área de estudio se le ha quedado pequeña, o quizás ni la tuviera. Ahora necesita una superficie grande que se adaptea la etapa educativa para que pueda estudiar cómodamente. 
  • Los colores y elementos de decoración de su etapa infantil pueden incomodarlo porque ya no encajan con su personalidad actual. Quizás no te digan nada porque se sienten confusos e incluso apenados por dejar ese tiempo atrás. Sugiéreles tú un cambio de aire restando importancia y dramatismo a ese momento en que se alejan de la infancia y que puede ser vivido, aunque no lo manifiesten, como una pérdida.   
  • Desorden repentino y constante. Cuando son pequeños, son más dóciles y nos suelen hacer más caso cuando les enseñamos lo importante que es tener las cosas en orden. Luego, la cosa cambia. Pero ten en cuenta también que, a veces,  no es por falta de voluntad, sino porque necesitan soluciones de almacenaje pensadas para un adolescente. Pónselo fácil y el caos mejorará. 
  • La distribución de la habitación ya no le vale. De niños, el juego es la actividad principal. Pero ya no lo es. Sus rincones preferidos caen en desuso. Y ello porque el diseño del espacio ha de evolucionar con ellos. Si todo sigue tal y como estaba, será poco eficiente. Sed prácticos y buscad la funcionalidad. 

Introducir los cambios que todos estos síntomas te piden a gritos no implica tirarlo todo y empezar de cero. Solo necesitas un nuevo enfoque: pensar cómo conseguir que el espacio los acompañe y se acomode a su nueva realidad con soluciones prácticas.  

Detectado ya el cuándo, vamos con el cómo. La primera pregunta que debemos hacernos es: ¿qué cambiar y qué mantener?

La clave está en identificar qué elementos siguen funcionando y cuáles necesitan una actualización estratégica. Presta atención a estos cuatro elementos principales: 

  • El escritorio suele ser la primera pieza que hay que renovar: más superficie y una silla cómoda y ergonómica son, sin duda, elementos imprescindibles. Va a pasarse más tiempo sentado no solo estudiando, sino usando todas las herramientas online con las que los jóvenes se relacionan y se divierten. 

  • La cama puede mantenerse si ofrece buen descanso; si no, es el momento de mejorarla, y lo que sí o sí has de renovar es el colchón, su peso y altura ha variado y necesita algo muy específico para cuidar su crecimiento y sobre todo su espalda. Dormir bien es un aliado para su desarrollo físico y mental. 

  • El almacenaje debe crecer con él. Puedes aprovechar las estanterías añadiendo módulos y más cajoneras. Igualmente, los armarios han de revisarse bien. Despréndete de enseres inservibles o juguetes y deja hueco para sus nuevas aficiones o rutinas.

  • La iluminación merece especial atención: luz cálida para descansar y una buena luz focal para estudiar. Con cambiar el tipo de bombilla, puede ser suficiente.

Como ves, no se trata de sustituirlo todo, sino de optimizar las cosas que ya tienes y complementarlas con aquello que crees que falta. Hazle partícipe del cambio. Así, sabrás que aciertas en el resultado.

Otra cosa a tener en cuenta: debe ser un espacio más adulto, pero igual de cómodo. Y para ello, la estética también es importante. Puedes sugerirle cambiar los colores dominantes (de las paredes, por ejemplo) por tonos neutros que transmiten calma y crean un ambiente que acompaña, sin imponerse. Aunque todo depende de su forma de ser. Si prefiere colores que transmitan rebeldía, respeta sus gustos.  Lo que sí te recomendamos es que, sea como sea su estilo, transmita una sensación de orden y claridad que evite la saturación visual. Dicen los expertos que el orden exterior ayuda a poner también en orden nuestro mundo interior. 

Y un consejo más: la habitación debe responder al presente, pero también anticipar lo que viene. Cuando adquieras piezas nuevas, procura que los muebles sean versátiles y los materiales duraderos.Aún los tendrás muchos años en casa. Y aunque llegará el momento de su marcha, siempre estará su refugio esperándoles. 

Como te decíamos al principio, el paso hacia una etapa más adulta conlleva cambios en muchos aspectos. Recuerda tu adolescencia y lo importante que era para ti tu habitación. Era tu mundo. En algunas cosas de ese tránsito hacia la madurez quizás no podremos ayudarles, pero en lo que sí, agradecerán sentirse acompañados. 

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