El cambio de temporada suele vivirse como un pequeño terremoto doméstico: montañas de ropa, prendas que ya no usamos y la sensación de que falta espacio. Sin embargo, cómo organizar el cambio de armario no tiene por qué convertirse en un motivo de estrés. Con un sistema claro y algunos trucos de orden, este proceso puede ser rápido, práctico y hasta liberador, ya que puedes aprovechar para desprenderte de prendas y complementos que llevas mucho tiempo sin usar y te ocupan un espacio innecesario. Ten presente que la acumulación es el gran enemigo. Guardamos demasiadas cosas “por si acaso”, mezclamos temporadas y no revisamos con cierta frecuencia lo que realmente nos ponemos y lo que no.
Sin un orden claro, el armario pierde funcionalidad y cada cambio se vuelve más pesado. Por eso, vamos a proponerte a continuación un método sencillo en seis pasos que te ayudará a afrontar el momento y lo hará todo más fácil.
- Elige una fecha adecuada. Hazte el ánimo, reúne fuerzas y márcate un día para llevar a cabo la tarea con tranquilidad. Hacerlo con prisas con el único propósito de quitártelo de encima empeorará el proceso y el resultado. Te aconsejamos que sea un sábado o domingo por la mañana, y cuanto más temprano mejor. Así podrás aprovechar así al máximo las energías y el empuje que nos proporciona el descanso y un buen desayuno.
- Antes de nada, vaciar y decidir. El primer paso es sacar absolutamente todo y ponerlo sobre la cama. Solo así tendrás una visión real de lo que tienes guardado. Después, decide: qué se queda, qué se dona y qué se recicla. Si no lo has usado en un año, probablemente no lo necesitas. Este filtro es clave para un cambio de armario fácil y eficaz.
- Organiza la ropa de forma eficiente. Clasifica todo lo que tienes por categorías: punto, camisas, camisetas, pantalones, accesorios… y dentro de cada grupo, prioriza la accesibilidad de tal manera que tengas a mano lo que más vas a utilizar. Doblar la ropa es todo un arte. Si lo haces bien, ahorrarás mucho espacio. Una técnica que se ha extendido en los últimos tiempos es la del doblado vertical. Consiste en crear pequeños paquetes rectangulares para almacenar la ropa de pie en lugar de apilarla en horizontal. Ayuda a ver todo de un solo vistazo, gana espacio y evita desorden.
- Aprovecha bien las perchas. Resérvalas sobre todo para las chaquetas, vestidos, faldas y, en general, la ropa que más se arruga. Un truco es usar perchas de alambre en lugar de madera. Ocupan menos espacio y podrás poner más. Y, salvo excepciones, pon varias prendas en cada percha poniendo los tejidos que más pesan debajo y encima los que más se arrugan o pesan menos para evitar marcas.

- Optimiza todos los espacios del armario. Aprovecha cualquier recoveco. Por incómodo que sea, te hará papel. Y, sobre todo, usa bien las alturas. Puedes instalar baldas adicionales o cajas etiquetadas para colocar en ellas las prendas de otra temporada o accesorios atemporales sin uso habitual.

- El orden necesita constancia. Es importante que crees la rutina de devolver cada prenda a su sitio. Y acostúmbrate a revisar el armario al menos una vez al mes para evitar acumulaciones.
Lo que está claro es que el orden no es tanto una cuestión de tiempo, sino de encontrar un sistema que te ayude a crearlo y conservarlo. Estas claves pueden servirte de base, pero es verdad que cada persona es un mundo. Sobre ellas, innova y adapta el proceso a tus necesidades personales y al espacio que tengas. Solo falta empezar. Y cuanto antes, mejor. Adelante pues.

