Cuando llega el calor, todos buscamos la mejor manera de disfrutar de una casa fresca en verano sin tener que embarcarnos en obras ni grandes inversiones. La buena noticia es que pequeños gestos pueden transformar por completo la sensación térmica y visual de cualquier vivienda, especialmente en pisos familiares o casas de alquiler donde las reformas no son una opción. ¿ Quieres saber cómo?
Pues el primer paso sería liberar espacio visual todo lo que puedas. En verano, menos es más, ya que los ambientes recargados son pesados y pueden crean una sensación de más calor. Guardar lo que no se usa, despejar superficies y reducir los objetos que tienes a la vista generará una imagen inmediata de mayor amplitud. Haz la prueba. Además, un salón con menos elementos y más huecos permite que la luz circule mejor y que el ambiente respire sin dificultad.
Lo siguiente que te recomendamos es prestar atención a los textiles porque pueden jugar un gran papel en la decoración estival. Cambiar las alfombras y las fundas de los sofás o de los cojines por versiones más ligeras como el algodón o el lino -que además transpiran- puede marcar una diferencia notable. Los colores claros -blancos, arena, verdes o azules suaves- reflejan la luz y aportan una buena dosis de frescura. Además, en las ventanas, las cortinas translúcidas te permitirán que entre claridad sin que el sol y el calor se metan en tu casa, sobre todo a determinadas horas del día.
Otro elemento que puede ayudarte -siempre lo hace- es el orden. Tener la casa ordenada no es solo una cuestión estética, sino que puede influir directamente en la sensación térmica. Un espacio despejado parece más grande y, por tanto, más fresco. Recuerda que las cestas, las bandejas y las cajas ayudan a mantener a raya los objetos pequeños que generan ruido visual. Cuanto más limpio y organizado esté el entorno, más ligera se percibe la vivienda. Y aunque en cualquier época del año el almacenaje es clave para mantener la armonía, en verano es aún más necesario. Las cajas organizadoras permiten guardar textiles de invierno, juguetes y otros accesorios que no se usan en esta época. También funcionan bien los muebles con doble función: bancos con espacio interior, mesas con estantes o carritos auxiliares que se mueven según las necesidades.
Prueba también a reorganizar la distribución de los muebles. Puede contribuir a lograr una casa más aireada y luminosa. Mover un sofá, liberar el paso de la luz natural o evitar piezas que bloqueen la ventilación cruzada mejora la circulación del aire. A veces basta con girar una mesa o desplazar -y aligerar de objetos- una estantería para que la percepción sea completamente distinta.
Para completar esa anhelada sensación de frescura, nada como añadir plantas que limpien el aire y filtren el calor. Ponlas en puntos clave, pero asegúrate cuando las compres que son de interior y déjate aconsejar sobre sus cuidados.
Con estos pequeños cambios que te sugerimos, lograrás grandes resultados sin apenas esfuerzo. Ponlos en práctica y ya solo quedará disfrutar de lo agradable que es una casa fresca y ligera cuando arrecia el calor. Será tu refugio perfecto y, como ves, sin necesidad de hacer reforma ni obra alguna.

